Diversos son los paisajes donde a veces los hombres encuentran libros nómadas, libros sin hogar, de paso siempre. A nadie pertenecen porque son de todos y ninguno.
Si te has cruzado con alguno de estos libros y ha seguido tu camino o si ha continuado su propio rumbo, recuerda al aviador perdido en el desierto que vio marcharse a un Principito, y no me dejes a mí en ese silencio sin saber qué te contó el libro que escribí, por dónde aún navega...


La literatura, desde tiempos de Homero, sólo es el regreso a los lugares en que perdimos el corazón...

(Gustavo Martín Garzo)

29 octubre 2009

Periplos varios



























Mis nómadas Ruinas han hecho unas cuantas navegaciones en las últimas semanas por latitudes y paisajes tanto patrios como foráneos. Se fueron a épocas romanas en Las Médulas y le cogieron gusto al Imperio porque alargaron su travesía hasta Lutecia y, de la mano de Ángela y de Arti, hasta alcanzar otras ruinas más egregias, en concreto las de Pompeya (véase el templo de Júpiter y el Vesubio al fondo).
Sin embargo los comentarios llegan con cuentagotas, lo que puede querer significar que aquellos que encuentran el libro y lo leen se quedan tan "estupefractos" como el batracio de El Lago Somido de Las Médulas (véase la afoto), que no da crédito del ladrillo endilgado, el pobrecito. Y los otros libros liberados entre montes y árboles quién sabe si no hayan sido devorados por hambrientos jabalíes rumiando aquello de "están locos estos romanos"...

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